
Siempre me he considerado un partidario a ultranza de la libertad de expresión ya que en este ,nuestro país, España, no siempre , más bien con demasiada frecuencia, dicho derecho se ha sido arrebatado unas veces por golpes de estado encabezados por militares estilo Groucho Marx, y otras veces por dictaduras consentidas por la propia Monarquía.
No entraré aquí a juzgar dichas épocas del pasado que bajo ningún concepto quisiera yo volvieran a la palestra ya que soy unos de los que si tienen memoria histórica al contrario de lo que ocurre con una parte de la juventud actual y lo que no es juventud. En ningún caso quisiera yo insinuar que toda esta población se encuentra mirando las musarañas pero he de recordar que las conquistas pasadas o actuales arrancadas tanto a nuestro querido empresariado o a la pasada dictadura franquista lo fueron a costa de sacrificios muy duros que en multitud de ocasiones ocasionaron penas de cárcel y en alguna que otra ocasión la muerte.
Pero he aquí que no hace falta estar en dictadura para ver que la libertad de expresión puede verse amenazada, y lo es , de hecho muy seriamente en determinadas circustancias. Seguramente ya empezarán algunos de los pocos lectores de estas humildes líneas a removerse inquietos en sus sillones cuando lean que la libertad de expresión, un derecho CONSTITUCIONAL, esta siendo secuestrada hace ya algunos años en Cataluña, donde montar un medio de difusión sea escrito o no es en la práctica del todo imposible si la línea editorial de dicho medio es minimamente contraria a lo que antes se llamaba eufemísticamente «el pujolismo» y que ahora ha adquirido tintes puramente mafiosos o dignos de comisarios políticos de la antigua Unión Soviética.
Inmediatamente dicho medio se encontrará excluido de la publicidad institucional o directamente empezará a sufrir amenazas de todo tipo.
Los «patriotas» catalanes los que en la actualidad se han otorgado el derecho a expender «carnets de catalanidad» lo hacen sin sonrojo ninguno incluso a aquellos que llevan muchos más tiempo viviendo en Cataluña que ellos mismos ,utilizando algunos argumentos antaño muy socorridos en otras latitudes para enviar a millones de personas al «Gulag». Y uno de los argumentos utilizados, por favor no se sonrojen los más leídos, son ser » traidores a la Patria».
Habían pasado bastantes años que no oía el término «traidor a la patria» , que desgraciadamente se utilizó profusamente en otras épocas históricas para acabar con los enemigos políticos y los de cualquier otra clase. Pues bien volví a leer dicho epíteto en un amigable intercambio de opiniones que el humilde autor de este blog mantuvo en la Red social Facebook con otro no tan amigable refiriéndose a Josep Borrell.
Y ,esto amigos míos , ha dejado de ser gracioso para ser verdaderamente preocupante. Porque si en pleno siglo XXI hay personajes que se creen en el derecho de otorgar o negar cartas de ciudadanía es que los habitantes de dicha región tienen razones muy serias para preocuparse y créanme que nadie puede sentirse tránquilo. Históricamente hablando y desgraciadamente ocurre en más de una ocasión, cuando a la masa se la exalta resulta muy difícil o imposible la vuelta atrás.
Algunos van a empezar a sufrir su particular «Archipiélago Gulag» . Inevitable cuando resulta que se mira para otro lado mientras tus semejantes sufren todo tipo de presiones según su profesión (Periodistas, profesores, directores de escuela). Es hora ya de que se denuncie el irrespirable clima creado por unos cuantos iluminados que nos van a poner, a todos los españolitos, una vez más, al borde del abismo.
