
¿ Que impulsa a una persona a compartir por escrito sus viajes?
Creo honradamente que cada uno tendrá sus razones, pero llega un momento en la vida de un viajero en que un viaje produce un clic interior, algo así como un despertar, salvando las distancias claro está, parecido al que experimentan los que practican la meditación zen. A mi me llegó no en un viaje sino en una sucesión de viajes de pesca a mosca que tuve el privilegio de realizar al Pirineo oscense, bajo la tutela de unos guías de pesca perteneciente a una empresa llamada «Salvelinus viajes de pesca» encabezada por aquellos lejanos años 90 por un personaje llamado Ivan Tarín. Este apasionado de la pesca a mosca inculcó en mi varios aspectos que se me quedaron grabados a fuego como son ; el respeto por la naturaleza, la continua observación de las cosas, la insistencia, el no rendirse nunca y finalmente saber que toda recompensa requiere de un esfuerzo personal.Hecho que comprobé en una jornada de pesca de alta montaña que supuso para mi un auténtico desafío interior y en el que terminé físicamente exhausto pero espiritualmente lleno.
El encontrarte aislado, solo contigo mismo en medio de un paisaje de aplastante belleza, absolutamente ensimismado, concentrado hizo que incluso pareciera que dejaras de oír el suave ruido del agua del río
Es a ese tipo de sensaciones que me intento agarrar cuando voy de viaje.

